¿Por dónde empieza la conciencia de clase? ¿Con una idea o con una acción?

Una de las mayores desilusiones del fenómeno “Crisis” en Argentina es que se ha vuelto rutinario. Pocos eventos socio-culturales han sido auténticos, duraderos, innovadores y transformadores durante esta coyuntura. El feminismo criollo es un ejemplo. Los memes, otro. Los outsiders en la política, tal vez se sumen, y los desclasados a flor de piel, al nivel ideológico, bien podrían estar en esta clasificación.

Y entre ellos, la clase media como amo y esclavo, cómo héroe y martir, como salvador y verdugo. Así están aquellos que saben lo que ocurre pero poco hacen para cambiarlo. Será porque pueden cambiarlo pero no quieren escapar de su zona de confort. Con o sin relación directa, son hijos bobos del discurso fascista del último régimen dictatorial, del derroche pop de los 90, del todos juntos en la fiesta Kirchnerista y del aguantando con clase en la época macrista.

Por aquellos contextos había quienes ignoraban, había quienes temían, quienes luchaban. En los nuevos, interviene una cooptación del nivel “indiferencia selectiva”. Alguna que otra militancia 2.0, algún certificado de “yo no lo voté” y ciertos guiños a los símbolos populistas de nuestra cultura. Pero con los pies en el barro ¿cuántos? No hay pasantías disponibles en la materia “transformación real”. Es mejor irse a juntar kiwi a Nueva Zelanda o hacer una temporada de invierno en Aspen.

Son aquellos que se creen Paulo Freire por irse a la costa a laburar la temporada, entreteniendo a los hijos de los empresarios que van a Cariló. Dejando sus herramientas y su dignidad al mejor postor.

Son personas que se juntan en una cervecería a discutir sobre quién heredará el trono de hierro mientras sus estómagos dicen basta de papas con cheddar. Los que viajan dos veces o tres veces al año con cierta mesura y precaución en el posteo de fotos.

Qué sienten los que pueden hablar de los que no pueden. Qué sienten los que pueden cuando los que no pueden ya no sienten.

Habrán pisado alguna vez algún espacio artístico barrial. Alguna copa de leche. Se han dignado a intentar proyectar algunas líneas de acción sobre lugares donde todavía reinan los punteros y las manzaneras, “places” donde dominan los transas y los analfabetos, donde la palabra enganchado es común al tener un servicio…

En este extracto de reflexión opinada, podría citar con cierta empatía por el lector a grandes como Freire, Nietzsche, Hegel, Gramsci, Bordieu, Laclau, Barbero, García Canclini, entre otros, a fin de profundizar sobre el fondo de la cuestión: Dominación cultural, hegemonía, opresores y oprimidos, cultura popular…

Pero prefiero parafrasear a un grande del rock argentino, un tal Indio Solari en tanto no necesitamos ponernos en sociólogos, antropólogos, grandes filántropos para cambiar una realidad inmediata: sin dudas, toda indiferencia es política.