Dos grandes caballitos de batalla del neoliberalismo operando a través del gobierno nacional y la producción de sentidos, son la meritocracia y el individualismo.

El modelo de país en curso ha resignificado la idea de que volver al pasado supone un ejercicio de tamaño desafío, algo asociado a la experiencia científica, que va ligando el campo de lo cuántico a la alquimia y la ciencia ficción. Sin embargo, en Argentina, por mucho menos, se puede retornar al pasado sin ninguna duda: la muestra gratis la da Cambiemos.

La remake de los 90 llegó con los saltimbanquis en buenos cargos, los hijos de y los acomodos del poder, los outsiders a flor de piel, la farandulización de la política y el desbarranque discursivo constante son cartas importantes en el mazo que ostenta Cambiemos. Al tiempo que la orientación política económica cultural del gobierno nacional argentino desde 2015 en adelante ha sido cultora de un neoliberalismo inobjetable. El apoyo de los grandes medios masivos de comunicación y el vínculo con el sector empresarial de vocación privada y transnacional ha sido clave en el proceso iniciado de 2015.

El re-endeudamiento, la apertura indiscriminada de las importaciones, las no retenciones a las mineras, el ajuste y los tarifazos, la represión, el desempleo, la caída de la industria nacional, la inflación y la pobreza imparables son ejemplos de los guińos del gobierno al neoliberalismo. Por otra parte el avance en el territorio simbólico, ha sido en base al trabajo de fondo en el área de lo comunicacional: el mensaje zen, la oratoria y el discurso meritócrata en clave de publicidad, el blindaje mediático, un periodismo de guerra y una agenda despreocupada por lo nacional-popular.

Dos grandes caballitos de batalla del neoliberalismo operando a través del gobierno nacional y la producción de sentidos, son la meritocracia y el individualismo. Y a la par van construyendo su sentido las industrias transnacionales del área de lo automotriz hasta las especializadas en tecnología, entretenimiento y diseño. Por ejemplo, en las charlas de TED donde se pone de manifiesto un mensaje muy marketinero basado en premisas generales para que cada individuo, por su cuenta, pueda ser feliz. Un idealismo perfecto que maquilla con palabras bonitas y un speech religioso la esencia intrínseca del individualismo y el consumismo que pregona el neoliberalismo. Otro ejemplo es la publicidad de Chevrolet que resalta la meritocracia entre autos y una voz en off que arremete con un: “donde el que llegó, llegó por su cuenta, sin que nadie le regale nada”.

Sin dudas que en la red comunicacional-simbólica y cultural en la que sostienen estas prácticas y sus mensajes hay una fuerte concepción pedagógica. En el hacer de las subjetividades, en la formación de los sujetos, en la enseñanza pública se reedita la hegemonía del mérito y el esfuerzo individual. Y en el plano educacional, siguiendo esta lógica, con el sustento de las nuevas políticas educativas, se redefine el trabajo docente. Ahora se coloca en el plano individual los problemas de aprendizajes, se presentan los reduccionismos se trata de deficiencias individuales, vuelven los aplazos, se pondera la neurociencia sin los resguardos necesarios, se estimula la competencia, el retorno del darwinismo social con la supervivencia del más apto, se hace eco el etiquetismo médico de moda, se pondera la educación bancariay se abre el juego a la inversión privada.

De esta forma, se acaban invisibilizando los diversos conflictos en referencia a diferentes aspectos esenciales en los procesos en los que los sujetos constituyen su subjetividad. Dicho de otra forma, se trata de orientar la escuela y sus herramientas pedagógicas de tal forma que todo lo que tenga que ver con la cuestión de clase, la diversidad cultural, los procesos políticos-económicos que sustentan la vida cotidiana, el contexto familiar de cada estudiante, y problemáticas socioculturales que deben discutirse dentro del currículum escolar como la cuestión de género, la discriminación, el maltrato escolar, pasen a ser residuos de una pedagogía populista que yace caduca.

Los medios de comunicación masivos han acometido su deseo. Al final de cuentas siempre han sido “abogados del diablo” del poder de turno. Pero lo más peculiar de su género es la imperiosa necesidad de vociferar el discurso del poder con toda su parafernalia. Desde los informativos hasta los programas del “prime time”pasando por los alarifes del periodismo nacional pro gobierno, el blindaje y la difusión del mensaje de Cambiemos, fue el marco en el que se desarrollaron las acciones de los medios.

Sobre tal plataforma, el gobierno actual, dicho al principio, ha difundido con creces un mensaje zen cuya superficialidad de alegría y voluntad en una crisis sin precedentes. Se instauró entonces un mensaje oficial y se inició con rapidez una disputa por los sentidos con amplia repercusión en la construcción de las subjetividades. Por otra parte, pensar en la producción, reproducción, circulación y consumo de un significado evoca pensar en el plano cultural. Y esencialmente es en la construcción del sentido común donde los medios centraron sus discursos y donde el gobierno mechó su perspectiva. En referencia a dicha disputa, en el plano de la cultura y de la educación, uno de los paradigmas a batallar está a la vista: la visión meritócrata, individualista y consumista. He allí otro ítem que los medios masivos, las empresas líderes en marketing y los escritores de jingles afines al gobierno pudieron completar.

Los reveses del neoliberalismo ya no sólo se ostentan en el debate cultural sino también en el ámbito institucional. Ergo, no hay espacio más apto para dar la lucha, en términos simbólicos-comunicacionales como la escuela. Requerida por el sector que domina y que acumula mayor legitimidad al momento de dar instrucciones e imponer condiciones, la escuela se erige entonces como un lugar de resistencia y referencia sometiéndose a una confrontación omnipotente: cultural, social, política, económica, y pedagógica.

En cuanto al aspecto pedagógico, la política económica actual intenta redireccionarlo. Esta operación se traduce en un guiño hacia el funcionalismo neoliberal, evocando la invisibilidad de la presencia de los conflictos históricos que se suceden dentro de la escuela. Ésta, como base material de la educación ahora atraviesa un falso gradualismo en el cual se propone pasar de una escuela que produce una ilusión de igualdad para los “pobres, instaurada por el populismo” a un espacio donde se pregona la competencia, el progreso y el mérito como herramientas para el “cambio que la sociedad se merece”.