El Candidato a Senador en Capital Federal, aparenta ser nacional y popular pero tiene negocios turbios y un amplio patrimonio de lujo.

Durante la campaña porteña 2017, Matías Tombolini, primer candidato a Diputado Nacional por el Frente Renovador, comenzó su aventura electoral con un spot para redes sociales desde la cocina de su casa. “La plata no alcanza” repetía el economista televisivo mientras le cebaba un mate al camarógrafo. El problema es que la escenografía no lo ayudaba nada. La amabilidad forzada del bueno de “Tombo” no podía disimular lo evidente. El tipo hablaba sobre la crisis económica en una cocina enteramente de diseño con una cantidad de metros cuadrados mayor que el de muchos mono ambientes, en los que más de un porteño sacudido por la crisis pasa sus días y sus noches.

El escándalo rebeló, por un lado, cierto amateurismo del novel candidato que se comió tremenda respuesta de los usuarios de redes sociales.
Sin embargo, que Tombolini haya incurrido en la obscenidad de mostrar su buen pasar en tiempos de “sinceramiento” macrista, no lo convierte en el único candidato con un patrimonio que mejor ocultar que mostrar.

Hijo de una familia a la que le fue muy bien defendiendo a los trabajadores, y fundamentalmente representando legalmente a los sindicatos, Mariano Recalde, el candidato a senador por el kirchnerismo es un fiel exponente del político que no vive ni cerca la realidad de las personas a las que dice querer representar.

En sus primeros tiempos en la Justicia, cuando Recalde era un joven y prometedor abogado, se decía de él que era un niño que había sido criado entre cinco mucamas. Otras malas lenguas, también en el ámbito de la Justicia de la Ciudad, donde Mariano logró colocar a su bella mujer, dicen que sus tres hijos, vaya casualidad, también son criados entre cinco mucamas.

El ex presidente de Aerolíneas Argentinas vive en el lujoso y exclusivo complejo MOCA, sobre la Avenida Montes de Oca, en Barracas. En ese emprendimiento inmobiliario las unidades no bajan de los 500 mil dólares. Recalde, que a diferencia de su ídolo el Indio Solari, no cree que “el lujo es vulgaridad”, se sintió tan a gusto con los departamentos del complejo MOCA, que se compró dos y los unió. Pileta climatizada, gimnasio, seguridad privada, y toda una cantidad de lujosos amenities a minutos del centro porteño. Solo de expensas, los moradores de MOCA pagan 40 mil pesos, es decir, más del triple que el valor del salario mínimo vital y móvil.

En 2011, el entonces próspero funcionario invirtió una millonada en un polémico emprendimiento del mejor amigo de Macri, Nicolás Caputo en la zona sur del conurbano. Nuevo Quilmes fue el nombre del complejo que rápidamente empezó a ser llamado el “pequeño Nordelta del Sur”. Nada más fácil que hablar de la crisis habitacional y el respeto por el ambiente en la Capital e invertir en un proyecto varias veces denunciado por los vecinos pobres de los barrios linderos por las continuas inundaciones provocadas por la alteración del suelo del nuevo barrio para ricos. Nada mejor que andar con un gastado Renault Megane en actos de campaña por los barrios del Sur, pero subirse a una impecable Dodge Journey 4×4 para ir con la familia a disfrutar de las comodidades exclusivas de una casa valuada en 700 mil dólares, con 7 habitaciones y cocheras para 5 autos, en la costa Argentina.

Como todo político en ascenso, Recalde ha cosechado una larga fila de detractores. Por los pasillos de la vieja Facultad de Derecho donde da clases hace años, se cuenta que ha conseguido afianzar un vínculo muy cercano con un ayudante de cátedra, de nombre Martin Sierra, muy vinculado al siempre viscoso ambiente de la compra y venta de jugadores de fútbol. Los más osados dicen que en esa relación se trama el contacto del camporista con cuentas en el exterior.

Nada más clásico, lamentablemente, para la política Argentina, que hablar de los derechos de los más pobres y vivir, sin embargo, en el lujo pornográfico de los más ricos.

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